domingo, 12 de febrero de 2017

Narración pag 159 sonidos bajo el agua

Les dejo una probada de otro sabor, con la frescura del agua y la intensidad de la pasión, ésta es la lectura de la página 159 de "Sonidos bajo el agua", la segunda obra de mi autora que narra la historia de Karen, quien posee la sonrisa más dulce de esta cafetería, encargada de dar la bienvenida a nuestros clientes con la línea:¿Frío o caliente? ¿Cómo quieren su café? A nosotros nos gusta de cualquier modo, pero que sea de Café Toscana 





jueves, 9 de febrero de 2017

Con mucho cariño para ti

Para todos los asiduos lectores de este café quiero compartirles durante este mes una oferta con el eco como de los Sonidos bajo el Agua y el aroma de Café Toscana.

En este mes en el que celebramos el día del amor y la amistad, los invito a regalar y regalarse estas obras a un precio especial que no podrán resistir.
En el botón que se encuentra a continuación, podrán adquirir esta oferta sólo por tiempo limitado y aprovechar el cuadro de texto especial, para que si así lo desean, incluyan la petición del nombre de la persona a quien desean dirigir una una dedicatoria de la autora.

Gracias por su amistad y su amor, lo cual permite que el corazón de mi autora siga latiendo y como siempre: soñando.


¡¡QUE TODOS SUS DÍAS ESTÉN LLENOS DE AMOR Y BUENOS AMIGOS!!

 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Un encuentro entre dos des-conocidos

Hoy les comparto otro relato de Café Toscana, de esos que no tienen nada que ver con la realidad y son pura ficción que fluye de mis páginas aún vivas y sedientas de contar historias con aroma a espresso:

Doblando la esquina que separa a Café Toscana del bullicio de una transitada avenida, se veía la silueta de un hombre encogido por las gotas de lluvia que caían y los sesenta años que le habían caído como un aguacero en la última década, acabado, canoso, enjuto y solitario, ni siquiera un paraguas le acompañaba aquél día.
Ante la cálida imagen de un Café, con la fragante personalidad del Toscana, no pudo ceder a la tentación, interrumpiendo su camino para resguardarse de la fría llovizna de un noviembre que olía ya a Navidad.
En la barra estaba otro cliente a punto de terminar su orden, que al voltear la mirada para encontrar su cartera y pagar, se encontró con la de este hombre que le observaba, reconociéndolo, asombrado por las improbables posibilidades que hacían de este encuentro una realidad.
El joven, en sus treintas, observó con detenimiento al hombre y con política cortesía le saludó con la mano, de la cual el otro se asió con las dos.
-¿Como estás?- Preguntó el hombre mayor con gran interés.
-Muy bien, gracias-. Respondió, con absoluta indiferencia, acaso un antiguo jefe o maestro, que no ocupaba un recuerdo correspondiente en su memoria ¿Sería un despido injustificado o una mala nota, la razón que los distanciaba?
-¡Qué gusto encontrarte! Y sobre todo por esta zona ¿Vives por aquí?
-No-. Respondió seco. -Pero ahora que lo recuerdo, tú sí.
-Así es -replicó el viejo. -¿Y entonces?...
Antes de que el hombre joven le respondiera, Karen, la atenta encargada de la barra, los interrumpió presentando un paquete que envolvía con el típico empaque rústico de la cafetería, un rollo de natas, especialidad de la casa. -El favorito de tu mamá, con un poco más de crema como siempre lo pide -agregó la joven, aceptando los billetes del cliente que tenía más interés en marcharse y convivir con la lluvia que ya arreciaba, que con su interlocutor, el cual le ocasionaba evidente molestia.
-Déjame al menos invitarte un café antes de irte- insistió el desconocido.
-No me gusta el café, gracias.
-Disculpa, no lo sabía.
-Y por qué tenías que saberlo -agregó condescendiente el joven. -Me gusta el té negro con leche, lo tomo desde hace mucho tiempo, y no sólo me gusta, me encanta, así empiezo todas las mañanas mis días, al lado de mi esposa-, el viejo agrandó los ojos con asombro. -Claro que eso tampoco lo sabías, hace un año que me casé, y mi esposa está embarazada, trabajo en una firma muy importante haciendo lo que más apasiona, lo cual también ignoras porque no estuviste allí cuando decidí la carrera que estudiaría, por lo mismo, perdiste el derecho de asistir a mi graduación. Tampoco te enteraste que conseguí estudiar en el extranjero, ni cuándo fue el día en que decidí comprarle su anillo de compromiso a mi esposa, desde luego no fuiste invitado a mi boda. Todo eso te lo perdiste al olvidarte de las responsabilidades que tenías hacia mí, pensando sólo en ti y tu nueva familia. Pero no puedo negar que aprendí mucho de ti. Soy un hombre muy responsable, aprecio todo lo que tengo porque sé lo mucho que vale, repudio las mentiras y no soporto las manipulaciones, sí, todo eso lo aprendí de ti, como un modelo a no seguir-.
El viejo se quedó callado, cabizbajo, sin poderlo controlar, una lágrima se le escapó. Un silencio abismal que no debe haber durado más de 10 segundos se pronunció aún más cuando la lluvia cesó, ante lo que el hombre sólo pudo atinar a decir:
-Mira, ya dejó de llover.
-Así es-, contestó el hombre joven- llovió por años pero tú no estuviste allí-. Tomó el paquete en sus manos y con los ojos llorosos igual que el otro, le otorgó un perdón que no conducía más que a una nueva despedida, dándole un beso en la mejilla.
-Adiós, papá.

domingo, 2 de octubre de 2016

La historia de Carlos y Sofía

Hace tiempo que no cuento historias de las que suceden aquí en Café Toscana y sé que muchos de ustedes desean leerlas, por lo que les invito acompañarse de un espresso para leer la historia de Carlos y Sofía:

"Muy pocos podrían imaginar cuántas almas solitarias pasan unas delante de otras sin siquiera notar su presencia. Algunos llegan solos con la compañía de un libro bajo el brazo, otros llegan solos también, aún del brazo de sus compañeros de vida, todavía sin reconocer que están solos y muy a pesar de su infelicidad, engañándose a sí mismos para no tener que enfrentar a la soledad misma.
Yo reconozco muy bien a la soledad, porque como un buen café, soy de los pocos acompañantes que no le rehuyen, entiendo el valor de concedernos un silencio lleno de palabras interiores para beber de mi elixir de arábica, tostado a la italiana, como nos gusta aquí en el Toscana. Por eso es que rondando de la mano de la soledad, espío cuidadosamente a los personajes que se aparecen por mi espacio.
Todos los viernes a las 6:15, muy probablemente después de salir de su trabajo, veía llegar a un hombre alto, delgado,  de cabello castaño y tez clara, con los ojos un poco tristes, pero llenos de calma. Se acompañaba habitualmente de un tabique de unas cuatrocientas páginas, el cual avanzaba paulatinamente de sábado a jueves, dejando quizás el desenlace para beberme a su lado.
-Un espresso doble, cortado, por favor-, pedía siempre amable, a Karen, quien con su habitual protocolo y una franca sonrisa, respondía -¿Algo dulce o salado para acompañar?
-Salado ¿Podrían prepararme un bagel de desayuno?
-Claro que sí-respondió atenta.
-Es que cuando lo llevo por las mañanas, la prisa no me deja disfrutarlo.
-Hay que darse tiempo para todo- respondió Karen al cliente, que ante la solicitud concedida, no hacía mas que iluminarse de gusto, habiendo realizado los preparativos para que la lectura del final de su novela en turno, se leyera con todos los honores.
Era evidente que aquél hombre atesoraba ese momento y quería darse tiempo para disfrutarlo, sin verse presionado por el yugo de los horarios que lo acorralaban los demás días de la semana.
Se refugió en su mesa habitual, una que tenía vista a la calle, hacia el camino por donde siempre llegaba aquella mujer que buscaba lo mismo que él, vivir la vida con pasión, aunque aún no lo sabía. Ella apenas superaba la reciente decisión de enfrentarse a la soledad. El hombre que le acompañaba al Café, fuera para el almuerzo o la cena, entre semana o en los días del fin de, ya no estaba a su lado. Ese temor a sentirse sola, que le había detenido por tanto tiempo de abandonar la fallida relación, se había manifestado finalmente. A diferencia de lo que se imaginó, se sentía casi igual que a su lado, la compañía no era más que un paliativo al pavor que le tenía a la soledad, que de cualquier modo le había acompañado desde hacía tiempo.
Tomar la decisión de regresar al mismo lugar de siempre, sin su acostumbrada compañía, le demandaba valor, del cual se armó para dirigirse a Café Toscana.
Esa tarde, el destino se empeñaba en salvar los obstáculos que les habían impedido conocerse, Carlos se sentaba mirando hacia el norte de la calle de donde Sofía provenía habitualmente, pero no levantaba la vista ni por un segundo cuando se embebía en su lectura. No obstante, ese día el pavimento abrió un huequito, provocando que Sofía trastabillara de momento, mismo en que a Carlos se le resbaló el preciado tesoro, su libro, distrayéndole, con el movimiento inesperado, de hacer contacto visual con los ojos melancólicos de Sofía.
Posteriormente y después de entrar al Toscana, cuando ella ordenaba su latte con doble carga de café, él pasó casi rozando su brazo al dirigirse hacia la estación de complementos para su bebida, el espacio mínimo continuó imposibilitando el evento de hacerles encontrarse. Mientras esperaban la orden, igual que él lo había hecho ya, Sofía se aprovisionó con dos servilletas, azúcar baja en calorías y una cucharilla desechable para remover, prácticamente cuerpo a cuerpo, pero aún así, sus miradas no lograron encontrarse, pues ella se clavó la vista en las múltiples e irrelevantes notificaciones que su celular reportaba. Inexplicablemente, el corazón latía fuerte para los dos, anticipando la emoción de un encuentro que ninguno imaginaba. Él lo atribuía a la emoción que ampara el desenlace de una historia formidable, en su novela, y ella, a la emoción que precedía al desenlace de una historia trunca, en su vida.
Y justo en ese momento, la maldición de no haberse mirado antes, se rompió.
Sofía cargaba todavía con la costumbre de una alianza en el dedo, que curiosamente le quedaba floja, que no se había quitado por el dolor que ello aún le ocasionaba, aunque habían mentiras, engaños, sueños deshechos y quien sabe cuántos pesares más, los mismos que no le dejaban voltear la vista hacia delante, hacia el futuro que le aguardaba con unos dulces ojos pacíficos y amorosos que se localizaban a unos treinta centímetros de distancia de los suyos.
Las mágicas palabras de Karen -Bagel de desayuno listo-, dirigidas a los clientes del mostrador, finalmente deshicieron el hechizo. Al unísono ambos contestaron -¡Gracias!-prendiéndose del plato y de la mirada de uno y otro al fin. Acto seguido, la alianza de matrimonio, que era lo único que quedaba de éste, se resbaló del dedo de Sofía, rodando, escapando hacia esos hoyos negros que existen en nuestro entorno, en donde desaparecen múltiples pertenencias que no vuelven a ser vistas jamás.
-¿Te ayudo a encontrar lo que se te cayó?- mencionó Carlos, con los ojos ahora más bien vivaces e interesados y después de darse cuenta de la extraña coincidencia del platillo que los dos habían ordenado.
-No es importante- contestó Sofía, encantada.
Después de recibir el segundo plato en la barra, Carlos se presentó y le invitó a su mesa, que le aguardaba reservada por su entrañable novela, la cual sólo permitía espacio para un comensal adicional y otro tabique, el cual Sofía llevaba bajo el brazo y estaba por comenzar a leer..."

Hay historias que todos anhelamos leer y a mí me encanta relatar porque suceden a diario, en la realidad y en nuestra imaginación, desgraciadamente no son tan frecuentes en la realidad y eso es lo que no logro entender. Este Café se llena de personas feliz o tristemente solas, a algunas la soledad les aterra, otras han aprendido a convivir con ella, pero al final creo, que si el destino les ayudara a encontrarse, tendrían nuevas y maravillosas historias que contar, con el dulce placer que una compañía de vida puede brindar. Tal vez sólo se necesita poner más atención, observar en lugar de mirar, o simplemente dejarse sorprender por la vida.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Volver a empezar

El esfuerzo que invertimos en cada proyecto en nuestra vida, no puede ser mediocre jamás, a menos que en realidad no busquemos tener éxito en el objetivo. Recuerdo algunas ocasiones en las que pretendí aceptar el poner mi interés en algo que en realidad no me atraía del todo, el resultado ante un esfuerzo mediocre suele ser igual... mediocre.
Aunque también recuerdo el haber puesto todo el corazón en otras, en muchos proyectos y al final, el resultado no fue el esperado.
A veces el objetivo no se alcanza, tal vez porque no fue bien ponderado desde el principio, porque carecemos de los recursos necesarios, o simplemente porque así es la vida.
No soy muy fanática de la suerte, pero creo que hay algunos que tienen ese toque de "suerte" o la magia de encontrarse en el lugar preciso, con las personas indicadas y los recursos adecuados para lograr sus propósitos.
Reflexiono entonces si me faltó un poco de esa "suerte", si estoy parada hoy en el lugar que deseaba, o tengo los resultados por los que aposté todas las fichas en la ruleta. La respuesta es desafortunadamente un: no.
Entonces, analizo los pasos de cada jornada, cada camino, cada apuesta ¿En dónde me equivoqué? Y me doy cuenta que en cada aventura aprendí cosas muy valiosas, conocí gente especial, y cambié, cambié y cambié.
Reflexiono entonces si debería agradecer todas mis "bendiciones", si soy la persona que deseaba ser, o si creo que la apuesta de todas las fichas en la ruleta ha valido la pena por el placer de jugar. La respuesta es afortunadamente un: ¡Sí!

He entendido que no son los objetivos inmediatos o a corto plazo los más importantes, sino la profundidad de las aguas en las que uno se adentra para alcanzar sus desafíos, lo que nos permite valorar la calma de la marea y nos vuelca hacia el estado de paz y felicidad más placenteros, logrando al fin atesorar lo más simple y sencillo de la vida per sé -el vivirla.



A diario nos embarcamos en un nuevo proyecto, cada día volvemos a empezar y eso es lo más maravilloso de todo, que mientras el corazón descubre más luz en su interior, el alma comienza a viajar más ligera.

Hoy vuelvo a empezar, como lo hago a día a día, con un delicioso espresso al lado,  vuelvo a creer y sigo esperando descubrir y aprender algo nuevo, y por leer mis palabras, tengo que agradecerte mucho, porque eso hace que todo esto valga la pena.

¡Feliz nuevo comienzo!

lunes, 11 de julio de 2016

Los obstáculos en el camino, un peldaño para Amazon.com

Algunos subestiman las posibilidades y grandes oportunidades que un obstáculo salvado pueden brindarnos, yo no.
Si me han leído desde que este blog dio inicio, sabrán que a lo largo de estos casi 10 años he encontrado muchos obstáculos en compañía de mi autora.
Tanto ella como yo, desconocidos en el mercado editorial, hemos luchado por mantenernos vivos sin contar con el presupuesto que las plataformas de mercadotecnia de las grandes editoriales ejercen.
Hemos probado desde la entrega de librería en librería hasta la cobertura a nivel nacional a través del pago de costosas infraestructuras de distribución en casi todos los puntos de venta que un libro puede recorrer.
Sin embargo los modelos de negocio cambian y ya no es sólo el esquema de consignación -que típicamente retrasa de 6 a 12 meses el pago al autor- sino la demanda de un presupuesto por anticipado para cubrir la logística de entrega y colocación de cada ejemplar, lo que se había convertido en un nuevo y grande obstáculo para permitirme sobrevivir como obra vigente.
Por un momento la posibilidad de ser publicado por una Editorial se presentó como una halagadora propuesta para mi autora, aunque después de valorar términos y condiciones de acuerdo al consejo de un especialista, estos resultaban desafortunadamente muy desventajosos para ella.

Para una artesana de las letras (título con el que mi estimado prologuista Fernando García Pañeda bautizó a mi autora) quien escribe de corazón y con el corazón, el escribir pierde sentido cuando no parece existir un camino factible de continuar dando la luz a sus proyectos; tal vez la ausencia de mejores noticias había venido retrasando las historias y más páginas pendientes de escribir por ella, aún en este espacio, o en el de los archivos que se crean en su computadora para relatar y retratar las imágenes proyectadas en su mente.

Después de darle vueltas al asunto con varios espressos y alguno que otro recuerdo del futuro, mi autora pudo descifrar el modo de superar estos últimos obstáculos.
Así que finalmente dimos vuelta a la página y logramos hacer de los obstáculos un escalón, el último peldaño para llegar hasta Amazon.com y en calidad de ebook  o Café Toscana Versión Digital .



Desde luego podrán seguir encontrándome en versión impresa a través de la compra en PayPal, en las pestañas adjuntas de este blog para las diferentes regiones, con el respaldo incondicional de mi autora.


El sueño de Susana Silva es poder continuar  compartiendo sus historias con ustedes, lo cual a la luz de las nuevas plataformas digitales, se vuelve una realidad garantizada.

Los invito a seguir recomendándome entre sus círculos de influencia, pues esas valiosas palabras son las que mantienen el corazón de Café Toscana latiendo aún.


miércoles, 27 de abril de 2016

Mi jornada hacia el perdón

“No hay mal que por bien no venga”-reza el dicho que acostumbramos expresar cuando nos encontramos ante circunstancias adversas, de las cuales no nos queda más que aprender.
Ya con el hecho de reconocer que algún bien compensará la situación presente, nos estamos abriendo a la posibilidad de un mejor escenario por venir. 
He tenido épocas difíciles, pero el año pasado para mí fue uno de los más críticos, por muchos factores, que de una u otra manera provocaron cambios profundos en mi perspectiva de vida. 
Hoy, estoy consciente que las marcas que nos quedan como heridas de nuestras batallas, pueden convertirse en el veneno más letal o bien, en el catalizador más potente para llevar nuestras emociones y crecimiento personal hacia otro nivel.

Somos el resultado de todo el bien y el mal que experimentamos, igual que de todo el amor y el odio que sentimos. Esa mezcla de intensas y profundas emociones, nos convierte en villanos, héroes, patanes, irresponsables, abnegados, admirables o despreciables seres humanos. Aquí no aplican las ecuaciones matemáticas, la sumatoria de todos esos elementos arroja un resultado claramente distinto en cada individuo.
A este resultado, en mi caso, lo he llamado mi jornada hacia el perdón, ya que por una inesperada y sorpresiva reacción ante señales o mensajes recibidos, al fin tomé una decisión: no pasarlos por alto. De manera inconsciente, plasmé en la escritura, lo que mi alma en búsqueda de paz necesitaba escuchar, o en este caso, leer.
Fue hace algunas semanas, que escribí los fragmentos que comparto al calce de este post, como parte de mi nueva obra “Bóveda azul cobalto”. Los escribí de corrido, casi como si los escuchara replicar en un dictado mental, forman parte de valiosas reflexiones del personaje central ante un momento crítico. Posteriormente al releerlos, me di cuenta que eran la respuesta que mi alma buscaba ante tantos cuestionamientos.

Decidí compartirlos, sin estructura o referente, porque esta obra sigue construyéndose, y no quisiera revelar aún los misterios y sorpresas que esconde, no obstante, estas palabras me condujeron hacia un perdón que necesitaba pedir y otorgar a algunas personas, incluso a mí misma, por lo que creo que tal vez alguno de ustedes pueda asumirlas como una reflexión propia, llevándoles así hacia un estado de paz y equilibrio, como el que hoy he conseguido. Agradezco profundamente ese momento de inspiración que me permitiera soltar al fin un lastre invisible e imperceptible, y hoy me impulsa a avanzar a paso firme en esta aventura de vivir con el alma en paz y llena de amor.



"Lo primero, lo primordial y lo único que harás, será buscar la paz dentro de tu interior. Sin paz no tendrás la conciencia que necesitas para creer, confiar y dar cualquier paso.
La paz no la encontrarás en tu pasado, presente o futuro, sino dentro de ti misma. La paz necesita alimentarse de renuncia, aceptación y absoluto desapego.
Antes de encontrarla, deberás sumergirte en el abismo más profundo de inquietud, incertidumbre y guerra interna. Lucharás contra todos tus demonios, aquellos que se encuentran fuera de ti y sobre todo los que viven dentro. Alejar esos temores, deshacerte de ellos, es el primer paso hacia la paz.
Busca la paz en el abandono, busca la paz en el sonido del silencio, busca la paz en la intensidad del sol al igual que en la oscuridad de su sombra.
Encuentra la paz en el perdón, perdona a todos los que hayan cegado tu mirada con un puño de arena, pero sobre todo, perdónate a ti por haberles permitido lastimarte, perdónate a ti por haberte olvidado de la gracia que reside en tu corazón, perdónate a ti, para vivir y morir en paz.

...La claridad de tu alma en paz, será el instrumento para darte cuenta de todo lo que está sucediendo ahora en tu presente, lo que sucedió en el pasado y también todo lo que está por suceder en el futuro.
Abre bien los ojos de tu alma, mira alrededor y mira hacia dentro. ¿Cuál es el color de tu consciencia?, ¿Cuánto bien has hecho al transitar en esta vida? Si has logrado contestar sinceramente estas preguntas, no importando cuál sea la respuesta, has entrado en consciencia, y si no hay suficiente luz en tu color, ni suficiente bien en tu camino, es el momento de enmendarlo, porque de no hacerlo, tu alma está condenada a repetir los mismos errores a través de los siglos. Sé humilde en tu juicio, pues la luz y el bien que puedes generar, nunca estarán de sobra para iluminar la oscuridad y combatir el mal de cualquier era en la que hayas de poner un pie.

Tu consciencia te dictará los pasos que debes seguir de ahora en adelante, camina y vive en consciencia, porque la ignorancia ha dejado de ser una excusa, ahora lo sabes y no puedes ni debes engañarte."

domingo, 3 de mayo de 2015

Pan de vida: felicidad

Somos una mezcla perfecta de los ingredientes que nos integran, recibimos una buena parte de ellos en nuestro ADN y por otra, de cada uno de los instantes que vivimos, las palabras que escuchamos y decimos, las situaciones y personas que influyen en nosotros ya sea positiva o negativamente, se van integrando a nosotros mismos como la harina que debe ponerse sobre la mesada antes de seguir amasando, dando lugar así a una masa que puede seguir moldeándose para el propósito deseado. Luego continuamos con los demás pasos de la receta: dejar reposar, refrigerar, amasar más y estirar, barnizar, espolvorear con más ingredientes y finalmente hornear para conseguir una nueva transformación.
Al igual que en la cocina, a veces la masa no queda como deseábamos, le falta algún ingrediente y en ocasiones es difícil conocer cuál. Somos una masa divina que va recogiendo e incorporando sabores de las emociones que vivimos día con día, humores de las dificultades que debemos aprender a librar, porque es cierto, la vida no es nada fácil, ni justa, pero sí es maravillosa cuando el ingrediente que se incorpora en ella de manera latente y en grandes cantidades es la felicidad.
Este viejo discurso de ser feliz desde el ahora, pues el mañana no existe y el pasado es también irreal -un recuerdo apenas-, parece algo trillado y barnizado de una sustancia irreal. Así lo vemos cuando la felicidad no se ha convertido en un propósito palpitante en nuestra perspectiva de vida. Siempre nos falta algo, algo que no tenemos, ya sea una persona, algo deseado, un bien material, algún pretexto que nos lleva a un estado de insatisfacción y falta de agradecimiento ante todo lo que ignoramos alrededor nuestro, lo que sí tenemos y no vemos, porque nuestra absurda ambición y pensamiento de escasez nos ciega.
Si bien la masa no va quedando como la receta indica, habrá que hacer un alto para entender qué le hace falta: una pizca de fe, un cuarto de taza de esperanza, una cucharada de perdón, o incluso cambiar de recetario, pues tal vez lo que necesitamos es una nueva receta.

En los últimos meses, he podido entender que cada uno de los ingredientes que me han tocado asimilar y vivir tienen todos un propósito, hacer de mí la persona que soy hoy. Y hoy, esa persona me gusta mucho, me agrada ver su sonrisa en el espejo, me gusta ver cómo disfruta de todo lo que tiene y sueña con los maravillosos proyectos que recuerda acerca de su futuro. Adora a sus grandes tesoros, escribe con pasión y amor a las letras pues reconoce su gran valor y por ello guarda un respeto absoluto sobre el impacto que la comunicación puede transmitir (maravilloso descubrimiento después de escribir su primera novela). Me encanta observar cómo se enamora de sus personajes en las novelas y en la vida real, en donde también ha aprendido a lidiar con villanos y fantasmas, pues ha entendido que el miedo es lo único que no funciona ante ellos, por eso hay que  enfrentarlos y ponerlos en su lugar, bolsas de basura que hay que desechar como residuos contaminantes que ya no sirven para nada más, después que hemos asimilado las lecciones y aprendizajes aún de ellos, aún a pesar del mal sabor que esos ingredientes o experiencias le hayan dejado. Al final entendí que sólo un ingrediente tan poderoso como la felicidad podía catalizar tales efectos en conocimiento y notas para prevenir su inclusión en futuras recetas. 


Los invito entonces a probar nuevas recetas sin miedo, es la vida misma la que nos acerca a ingredientes dulces y amargos para conseguir la maestría en integrar esa masa divina que sólo podemos producir hoy, en la cual debemos agregar como ingrediente básico e inalterable la felicidad, dando por hecho, que si éste existe, no hay ingrediente que pueda echar a perder la consistencia de la masa, el resultado será siempre un delicioso y exquisito pan de vida.