
La naturaleza de mis páginas está impregnada con el aroma y sabor de los sueños, para cada uno tienen una esencia distinta pero indudablemente la presencia del amor en todos es una constante.
Soñamos a lo largo de nuestra vida con todo tipo de imágenes y proyectos que van creciendo alimentados con el amor que se desprende de nuestro corazón cada vez que desatamos las amarras del muelle que nos mantiene en tierra firme.
Nos aventuramos a navegar en aguas inciertas, calmas o tempestuosas, sin certeza de nada, a corazón abierto, rienda suelta a la fantasía con la esperanza de encontrar lo que buscamos.
Algunos conocen el nombre de sus sueños y el rumbo que deben tomar para alcanzarlos, otros los persiguen carentes de radar y apenas una brújula en mano intentan iniciar la jornada de su vida, confluyendo en la eterna búsqueda del sueño de un amor o del amor por un sueño.
La certeza de alcanzar un sueño es también la fragilidad del alma del soñador, cuya inestabilidad pone en riesgo su persistencia cuando no logra cristalizarse, es entonces cuando la búsqueda se convierte en el camino y el sueño en el horizonte lejano, mantener el rumbo fijo, sostenido e irremediablemente lento a tono de Adagio.
Si mi nuevo prologuista escribió al ritmo de las
Gymnopedias de Satie ,lo mío es el Adagio de Albinoni.
Aquí una versión contemporánea en la voz de Lara Fabian en italiano, el sentido de sus palabras insiste en la idea.
Adagio - Lara Fabian
El ritmo de los sueños es lento, es por ello que se atesoran porque nos saben a esfuerzo y ahínco, tienen el aroma de nuestras esperanzas cansadas e insistentes, un aroma difícil de olvidar. El sabor del empeño y la carencia de lógica en algunos momentos, pero sin renunciar nunca, sin abandonar jamás.
Tal vez ya conozcas el aroma o el sabor de tus sueños, pero ahora la pregunta es: ¿Sabes cuál es el nombre de tus sueños?
Yo aún no lo sé o tal vez aún no lo recuerdo por eso necesito invocar el
ritual del turco , acompáñame a recordar nuestros sueños ...