domingo, 6 de febrero de 2011

Otra historia de Café Toscana ... la Soñadora

La despertó una inquietud en la madrugada, la incertidumbre que buscaba una respuesta aún en el sueño la trajo a la realidad que últimamente había querido evadir. Se dirigió a su caja de recuerdos y allí no encontró respuestas tampoco, al menos ninguna que le complaciera. Perdió por completo las ganas de dormir más y no tuvo más remedio que anticipar el inicio del día.
El clima era frío, la mañana aún estaba iluminada con vagos trazos de la luna. La calle estaba casi desierta, pero le acompañaba un pesar tan grande en el corazón que no se ocupaba de pensar en los riesgos a los que podía estar expuesta, sóla la idea de despejar la mente de constantes y dolorosos pensamientos la había empujado hasta allí sin medir consecuencias.
Al final de la calle encontró un café que habitualmente pasaba de largo, y parecía ser el único iluminado a esta hora tan inadecuada para caminar, el contraste del frío matutino y las ventanas empañadas que condensaban el calor del horno a tope, le hicieron detenerse para observar con atención.
No, el lugar aún no estaba abierto, pero ya había algunas personas trabajando, desde adentro alguien amablemente se acercó hasta la puerta y le brindó unas cálidas palabras:
-¿Hay algo en lo que podemos ayudarle? -la mujer sonrió, pensando tal vez en lo mucho que significaban las palabras en ese momento para ella y respondió:
-De momento, un buen café sería de gran utilidad.
-Café Toscana abre dentro de una hora, aún no puedo ofrecerle algo de nuestros hornos, pero un buen café no sería ningún problema.
-¿Me permite entrar entonces?
La puerta se abrió y la siguiente pregunta, la de siempre para los nuevos clientes "¿frío o caliente?", le permitió a aquella mujer olvidarse de sus problemas por algunos minutos dejándose atrapar por el encanto y maestría con que Eric, el barista del café, preparaba su taza de espresso.
Luego, ella eligió una mesa que ya estaba preparada con un bouquet pequeño de flores frescas, Eric se acercó y colocó una vela que luego encendió por cortesía, lo cual correspondía a la rutina del horario posterior a las 6:00 pm, sin embargo esta ocasión excepcional lo ameritaba, lo que ella necesitaba era calidez.
El mágico ritual del café surtió efecto sobre su mente y alma desgastadas, con una nueva emoción empezó a escribir líneas imaginarias en una libreta de nuevas intenciones y propósitos, después de todo, el año apenas comenzaba y no era tarde para empezar... otra vez.
Entendió que eran sus sueños los que estaban regresando, su futuro el que estaba comenzando a recordar y en él...estaba él.
Antes que el café abriera oficialmente ella se dirigió de vuelta a casa, con una sonrisa dibujada agradeció profundamente lo que recibió allí en Café Toscana, el recuerdo de sus sueños, los recuerdos de su futuro.
La misma calle ahora estaba dotada de los tenues rayos del sol al amanecer, algunos transeúntes a los que su sonrisa les hacía sonreir de vuelta hacían también que el camino no se viera ya sombrío, el mundo parecía haber cambiado por una simple y poderosa acción, ella recuperó la capacidad de soñar, y creer en sus sueños.
Su cama la aguardaba, cómoda, cálida y paciente, lista para envolver sutilmente todos sus sueños y esperar todas las maravillas que estaban por acontecer a partir de que sus ojos volvieran a despertar.


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