domingo, 22 de enero de 2012

Un espresso al despertar - Paradoja

En esta ciudad el día comienza muy temprano para un porcentaje importante de la población, diferentes destinos y mucho tráfico nos obligan a madrugar para lograr cumplir con una importante condición de empleo que es la puntualidad, lo cual cada día va adquiriendo mayor mérito ante este caos citadino.


Uno de los placeres cotidianos, que no muchos disfrutan, radica en la contemplación del amanecer. A veces nos lo perdemos mientras nos vemos obligados a esquivar autos, o al revisar el reloj que no corre más despacio o incluso al trazar una nueva ruta en la mente que nos acorte la distancia y permita cumplir nuestra agenda del día.

Hace unos días decidí refugiarme en la bella ciudad de Puebla durante el fin de semana, para visitar sus típicas calles adoquinadas llenas de edificios que cuentan historias con sus iglesias maravillosas que visten de oro. La vista de sus bellos volcanes Popocatépetl e Ixtaccihuatl, es uno de los atractivos turísticos que no pueden evitarse, sin embargo no fue posible apreciarles, debido a las insistentes nubes que se plantaron a su alrededor.

Curiosamente en el camino que recorro diariamente por la mañana, aquel espectáculo que me quedó a deber la naturaleza hace unos días, me fue pagado con creces durante la semana.

La vista más espectacular de la Mujer Dormida, acompañada de su amante e incondicional Popo, la pude admirar gracias a un cielo despejado, con un colorido impresionante que los primeros rayos del sol imprimieron en el cielo matutino, similares a los que el atardecer permea con la puesta del sol. Naranjas en distintos matices delineados con la oscuridad todavía del alba, se montaron sobre los dulces sueños de una mujer postrada ante la vista de millones de espectadores que tal vez la ignoraron a su paso.

Cuando llegué a casa, me preparé un expreso y traté de entender la lección de esta paradoja. A veces salimos buscando encontrar lejos de nosotros, algún propósito u objetivo que debido a las circunstancias puede ocultarse a nuestra simple vista.

Hace falta redimensionar la perspectiva y el enfoque para apreciar lo que tenemos delante. Alejarnos un poco de la pintura para reconocer sus exquisitas características. Tener la consciencia alerta para que estemos realmente atentos, porque a veces nos desgastamos buscando lejos, lo que se encuentra justo delante de nuestros ojos.

Hay oportunidades que esperan sentadas a nuestro lado, de no elegirlas por pasar desapercibidas, puede ser que se tomen una siesta y aguarden por nuestra decisión, a veces es el miedo el que nos mantiene inertes, y el tiempo, el único que convierte a esas decisiones no tomadas en pérdidas irremediables, que ante un estado de inconsciencia, ni un majestuoso amanecer nos dejará reconocer.

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