miércoles, 15 de agosto de 2012

La receta de pan de la casa

Escribir, a decir de mi autora, se parece a la bendita tarea de los panaderos, aunque en este caso consiste en amasar las emociones y sentimientos personales, agregando otros ingredientes como sueños, deseos, angustias, rencores, dolores y nuevos amores; tamizados en una mezcla que debe dejarse reposar hasta que leve, transformándose en un producto diferente, al que todavía falta darle forma.
Una masa que se estira, y recorta por unos lados, se agranda por otros, logrando así una nueva materia lista para hornearse: a fuego precalentado, temperatura precisa, tiempo indicado, no hay modo de acortar su cocción.  
Cada mezcla tiene sus propias instrucciones e ingredientes, no obstante todas ellas parten de la misma inquietud de comunicar mensajes importantes desde el corazón de un autor.
Escribir, para mi autora, sin conectar las palabras con el corazón, no sería posible. Y después aderezar con la magia del suspenso y del drama, qué combinación más deliciosa.
Amasar, hornear y al final lograr un producto que se espera exquisito para aquel que lo deguste, es una labor que requiere de esfuerzo y gran tenacidad.
El panadero utiliza sus mejores ingredientes y técnicas, aunque al final el comensal tiene la última palabra.
Bendito pan que nutre al organismo, de la misma forma que un escrito nutre las almas del autor y del lector que ha probado y aprobado el sabor de sus palabras.

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