miércoles, 20 de febrero de 2013

El karma de Susana: la esperanza

Hoy en Café Toscana el sabor del espresso, además de un recién molido de arábica, tiene la esencia de los recuerdos del pasado.

Cuando era pequeña, Susana tenía una debilidad, padecía frecuentes infecciones en la garganta que la mantenían cíclicamente en reposo. Claro que esto, nunca le ocasionó ningún disgusto, porque las reglas de casa le habían enseñado que la fiebre era la única razón por la cual podía ausentarse de sus deberes escolares.

A esta pequeña cinéfila le cautivó desde entonces el adentrarse en el espléndido mundo de las historias que la pantalla grande contaba, y en aquella época, cuando no existía más que la programación de la televisión abierta, por las mañanas había una matiné. ¡Qué privilegio para Susana! Quedarse en casa con fiebre, atendida con los más cariñosos mimos de mamá y para entretenimiento, la matiné del Canal 5, en la que se proyectaban los éxitos del cine americano de un par de décadas atrás.

La rutina se modificaba para que sus ojos se abrieran con la luz del sol y el descanso reparara su adolorida garganta. Otro beneficio adquirido consistía en recibir el desayuno, y muchas veces también la merienda en la cama. La última tacita dorada, más allá de ser el vestigio menos deseado del juego de té que con el tiempo había ido desapareciendo, era una reliquia profundamente apreciada para una niña de 8 años, cuyo tamaño servía para medir la porción adecuada de café con leche apta para tal edad. El sandwich tibio de huevo revuelto abrigado con mayonesa, acompañado de un vaso con jugo de naranja recién exprimido y la magnífica taza dorada, integraban el estupendo festín que Susana degustaría para disfrutar de la función.

Aquel día, una película muy extraña le permitió a Susana conocer una canción con una letra maravillosa, que indudablemente se volvería a encontrar más adelante en su camino. La película, aunque años después fue coloreada totalmente, en esos días se proyectaba en blanco y negro coloreando exclusivamente, a medida que la trama se desarrollaba, el color del cabello del protagonista infantil de “The boy with the green hair”.



Filmada en 1948, la historia con una visión pacifista de posguerra, impresionó considerablemente a la espectadora, y la letra de la canción que hacía de soundtrack, “Nature boy”, se convirtió en una de sus favoritas. Inquisitiva y amante desde entonces del idioma inglés, aún a su corta edad se esforzó por entender con claridad la letra; y la guardó en su corazón porque en aquel entonces no había ningún tipo de archivos o artefactos que le hubieran podido ayudar a guardarla en otro dispositivo para su reproducción. Curiosamente unos años después, la escuchó en voz de George Benson y entonces pudo investigar más, encontrarse con la emotiva versión original de Nat King Cole, y ya con doce años y un inglés más maduro entendió perfectamente cada una de las líneas de la canción, a la cual sucedieron diferentes versiones (Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, David Bowie, Ewan McGregor –Moulin Rouge, Celine Dion y otras menos conocidas):



There was a boy

a very strange enchanted boy

they say he wandered very far, very far

over land and sea

a little shy and sad of eye

but very wise was he

And then one day

a magic day he passed my way

and while we spoke of many things

fools and kings

this he said to me

the greatest thing you'll ever learn

is just to love and be loved in return

           
   
 
     
  
                  Versión Celine Dion       Versión George Benson   Versión Frank Sinatra

El color verde utilizado como un símbolo en la película, definitivamente marcó el corazón y la mente de aquella niña, porque la esperanza es un karma para Susana, ignoro cuántas vidas haya vivido su alma, aunque lo que sí conozco, es que la lección que está aprehendiendo en ésta, es la que esa frase, que hoy inspira una nueva historia en su mente, le fue revelada desde su infancia:



La lección más grande que podrás aprender es simplemente amar y ser correspondido.



A los queridos lectores de la obra de mi autora, les invito a tomar esta frase como una primicia del fundamento de su nueva obra, aún sin título y en pleno desarrollo.

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