viernes, 7 de mayo de 2010

Otra historia para contar: "El Renacimiento de Le Grand Café"


Las vueltas que da la vida nos hacen caminar por círculos regresivos que en ocasiones nos sitúan en un punto de partida previo, y a modo de un “deja vu” nos regalan pinceladas de fragmentos entremezclados de recuerdos ya sea del pasado o del futuro, presentados como señales luminosas, intermitentes, inquietando al corazón con la pasión que sólo la adrenalina de nuestros sueños puede producir.

Una caminata con una inesperada lluvia obligó a Roberto a abrir una puerta hacia su pasado sin saberlo, en búsqueda de un refugio contra el aguacero se encontró con un viejo sueño.
Los ventanales del “Café Toscana” servían como una grata invitación a la vista, ya en su interior el paladar y el olfato se servían al gusto de acuerdo a las preferencias del cliente.
Al notar el encantador ambiente del Toscana a su paso, Roberto no pudo resistirse, además el mejor pretexto para justificar su demora en la oficina le caía del cielo, el tráfico estaba paralizado y parecía que la ciudad también, el tiempo se detenía por un breve lapso para romper con la rutina, y con el ánimo de evitarse un buen resfriado se permitió entrar. Se dirigió a la barra en donde Erik, el barista en turno, le atendió apegándose a la rutina que seguían al detectar un nuevo cliente, escalando con un juego de preguntas hasta llegar a la respuesta final: un espresso y croissant.


Satisfecho de una gustosa elección y embriagado por los aromas que se desprendían del horno con el pan recién hecho y el café apenas molido, Roberto tuvo un momento de regresión, la amabilidad y entusiasmo de Erik le recordaron a su propio hijo cuando años atrás un bache económico los llevó a probar fortuna en un negocio que desconocían por completo. Recordó cómo la pérdida de su trabajo lo sorprendió invitándolo a la aventura de iniciar un proyecto del cual no tenía experiencia alguna, era cuestión de aprovechar las circunstancias, la disponibilidad de recursos y la oportunidad de alquilar un café que en manos de un amigo no había tenido gran éxito, pero en las suyas prometía grandes posibilidades.
La semejanza con el Toscana era mucha, la diferencia era la proveniencia de la inspiración, en su caso era Francia, pero el concepto se respiraba igual.
Por un periodo de 10 meses, “Le Grand Café” cobró vida haciéndole honor al bistro que con su mismo nombre se ubica en Boulevard des Italiennes en el corazón de París, tiempo en el que los clientes de sus alrededores se hicieron asiduos, atrapados por un ambiente tan cálido y agradable como el del Toscana.

Alexis recién egresado de la Universidad sediento del aprendizaje de un negocio real se bebió todo el conocimiento que no había adquirido en sus clases, pero esto lo hizo al lado de su socio, Roberto, su padre, y ello convirtió tal experiencia en algo más que el emprendimiento de un negocio, un aprendizaje de vida. Esa sensación se impregnó en la agradable decoración,en los muros que abrazaban acogedores a los visitantes y en el mobiliario que les ofrecía cómoda estancia, pero sobre todo en las bebidas derivadas del café que el propio Roberto y su hijo preparaban con gran gusto.
Sólo por 10 meses se mantuvo abierto “Le Grand Café”, a pesar del éxito, el círculo regresivo alcanzó a Roberto ofreciéndole al mismo tiempo que a Alexis, oportunidades profesionales de gran importancia, la decisión mutua los obligó a cerrar el Café, no fue fácil pero tampoco lo era rechazar el atractivo ofrecimiento que cada uno casi simultáneamente había recibido.

Roberto había aprendido bien que los círculos regresivos pueden asaltarte en cualquier momento, sólo que dentro del Toscana, cada uno de los recuerdos del pasado habían adquirido una nueva dimensión en los recuerdos de su futuro que vinieron después de beberse aquel espresso.
La complicidad de aquel cremoso café y el típico pan que tantas veces desayunó en París provocaron un eco en su interior, removieron inquietudes y sueños guardados en las imágenes de un momento que hoy tenía la sensación de volver a vivir.

El sonido de su celular interrumpió el encanto momentáneo alejándolo de aquella remembranza, una junta importante demandaba su presencia, la lluvia había terminado, el pretexto se esfumó, pero no sus sueños que desde ese momento hacían latir y vibrar intensamente su corazón, le grand…le grand…le grand...

5 comentarios:

Fernando dijo...

No es fácil despertar a la realidad
Salvo que activemos un despertador machacón que ajuste las prioridades personales a las familiares.
Cuando ellos están por encima del yo, nos quedan los ecos y las remembranzas.
Muy cálido y hermoso relato.
Delicados juegos alrededor del Toscana.

Doctor Gurma dijo...

Lindo cuando las ilusiones particulares se vuelven colectivas aún tratándose sólo de un ponto de coincidencia en el tiempo

Café Toscana dijo...

Fernando:

Es todo un reto empatar los sueños con la realidad, pero el esfuerzo bien vale la pena, si se busca el momento adecuado este debe llegar al fin.

Así los siento al producirlos dentro de las historias que siguen desprendiéndose de mis páginas, juegos maravillosos que me permiten seguir creciendo.

Café Toscana dijo...

Dr.Gurma:

Parece que la calidez que existe entre mis paredes se escapa dejando pinceladas en los sueños de otros que como mi autora, buscan el establecimiento de un Café que pueda además nutrir las ilusiones de sus clientes.

Josi dijo...

¡Hola genial!

¡Felicidades!¡Congrulations! Me ha gustado mucho tu blog y es interesante, mucho ánimo.

Mi blog es:
http://sordobierzo.blogspot.com/

Muchas gracias.

Un abrazo