Un salto al vacío existencial

Entre tazas de café y sueños, empecé a construir hace muchos años ya, un Café virtual que se parecía mucho al Café Toscana real que siempre quise echar a andar. 

En un principio la voz de este blog le pertenecía solo a la visión de un espacio que guardaba un punto de vista de lo que significaban mis primeros esfuerzos como aprendiz de la difícil tarea de la escritura, con el tiempo su voz y mi voz se fueron enredando, enamorándose de la idea, hablando a final de cuentas de los temas que le inquietan a los soñadores, buscando concretar posibilidades que aún no logro experimentar pero no dejo de perseguir.

Aunque el tiempo sigue transcurriendo y hoy los argumentos de ayer vuelven a tener un fuerte peso sobre mis reflexiones: ¿Será posible vivir el sueño? ¿En qué modo? ¿En qué escenario? ¿En cuál espacio?

Y es que tendemos a llenar nuestros vacíos con ansiedad, produciendo más huecos con la constante erosión que provoca vivir una vida que no elegimos, porque seguimos haciendo lo que nos sostiene pero no nos realiza.

Hemos sido tan obedientes y tan responsables desde hace tanto tiempo, que hemos dejado de atender a nuestra voluntad real y de responder a nuestros verdaderos sueños. Cuál sería nuestra versión favorita de nosotros en el multiverso y por qué habríamos de vivir condenados a la que tenemos en éste, cuando hemos descubierto nuestros posibles yos.

Qué difícil dar ese salto al vacío, ahora en su acepción de abismo existencial, con la esperanza de que antes de rompernos en más pedazos al llegar al suelo, el Universo nos muestre que nos ha tendido una red de protección, reconstruyendo nuestras posibilidades cuánticas para re expresar el sentido de nuestra vida. 

¿Bastará con CREER CREER? Tal vez haya que descrear, romper paradigmas, desgajar esquemas mentales, desmenuzar las incertidumbres para disolverlas en esperanza creando perlitas como las que se producen en la cocina molecular, pero de sabiduría, condensando al máximo el experimento de saborear la vida. Sí, CREYENDO EN CREER.

Empiezo a caminar hacia el salto llenando los vacíos para que la caída se amortigue con la antigravedad de los anhelos y mi mejor versión en el multiverso de los sueños realizados 

¿Me acompañas?

 

Las cosas que perdemos

 En la vida nos la pasamos perdiendo cosas, desde la infancia cuando perdemos los objetos que en ese momento pensamos son los más preciados, porque son aquellos que nos acompañan la mayoría del tiempo y por fuerza de probabilidades los que más expuestos están de perderse.

Se nos perdían cosas chiquitas o cosas grandes como pelotas que salían disparadas hacia la frontera del "quién sabe dónde", que al final no volvíamos a ver.

¿A dónde se van las cosas que perdemos?

Esas piezas pequeñas de los armables que en aquellos años de mi infancia se llamaban "idema", se perdían después de ser vaciados sobre el piso de juegos siendo atraídos por algún imán invisible hacia esos hoyos negros ubicados en el patio trasero, en los recovecos de algún estante que almacenaba triques, estopa y todas esas cosas que guardamos pero cuando necesitamos usar pensamos que están perdidas. 

Las zapatillas de mis muñecas, las fichas del dominó, las cartas del juego de memoria, la baraja de la lotería o los gises para pintar el avión a media calle, se me perdían todo el tiempo. 

Sin darnos cuenta perdimos la ingenuidad cuando algún descubrimiento durante los primeros días de enero nos confirmó las sospechas acumuladas, haciéndonos encarar una realidad menos mágica.

Así seguimos perdiendo cosas, porque aprendimos a perderlas y mientras las teníamos nunca caímos en la cuenta de que las teníamos, sólo las registramos y echamos de menos cuando dejamos de tenerlas. Nos empeñamos en buscarlas entre repisas, rincones y floreros, caminamos calles buscándolas y nos quedamos con la nostalgia de su pérdida.

Al llegar a la adolescencia nos encargamos de perder casi todo lo que habíamos ido ganando: la sensatez, la cordura y sobre todo la seguridad en uno mismo. Tal vez se quedaron escondidas en las paredes detrás de los posters de nuestras estrellas de rock o perdidas en medio del desorden de nuestro armario, aquéllas virtudes sí que nos tardamos en volver a encontrarlas, si es que con suerte, llegamos a hacerlo.


Entre búsquedas y miradas hacia al pasado, se nos va perdiendo la juventud, en mayor o menor medida porque al final, son pocos los que se detienen a disfrutar del paisaje del presente, muchos menos los que dejan ir el ayer sin lamentaciones. 

"Las pérdidas no se buscan, nos salen al encuentro y no nos dejan más remedio que sobrevivirlas, o vivirlas sin que nos sobrepasen, aprendiendo, construyendo y moviéndonos siempre hacia delante, con el empeño de no perder la razón en el intento".  ©Sonidos bajo el agua

El tiempo no se detiene y mientras sigamos viviendo, seguiremos perdiendo cosas, peor aún, nos acostumbraremos a perder relaciones y seres queridos. Muy probablemente en ese camino extraviaremos adioses y perdones, se nos quedarán en la punta de la lengua o serán imposibles de otorgar por el tiempo perdido.

¿Cuál nos vale más el por qué o el porqué?

Como todas las preguntas inútiles que nos hacemos en la vida, caemos en el continuo de una lemniscata de los por qués, en lugar de abordar con sensatez y responsabilidad a los otros, a los porqués.

Viajaremos en el tiempo para entender el para qué de nuestras pérdidas, procurando comprenderlas y resignificándolas en el duelo, sin apresurarles el olvido para que el alma no se atragante con ellas, mejor soltarlas al fin hacia el limbo de lo perdido, ese hoyo negro que esconde todas la cosas perdidas incluidos los vacíos que nos dejan al perderse, para regresarnos la cordura de continuar con nuestras vidas.

En mi labor de entender las cosas que he perdido a lo largo de la vida, me embarqué en la aventura de escribir acerca de esos momentos tan complejos que vamos viviendo, cuando parece que se nos arrebató un pedazo de historia, igual a la sensación de molestia que ocasionan las hojas faltantes en un libro, o cuando una falla eléctrica nos impide ver el desenlace de nuestro programa favorito; cuando sentimos que en un abrir y cerrar de ojos se nos escapó inexplicablemente una parte importante de la vida.

El resultado de esa aventura es mi nueva y muy próxima publicación: El refugio de las cucharitas de té y otras cosas perdidas. Una compilación de 7 cuentos y un epílogo, con los relatos de personajes que se parecen mucho a ti y a mí, narraciones que muy probablemente te ayudarán a entender desde afuera las pérdidas que estás viviendo, que has vivido o tal vez en algún momento habrás de vivir.

El abordar las pérdidas sin darles la vuelta, enfrentándolas y entendiéndolas, puede convertirse en un punto de inflexión para nuestra visión práctica delante de los problemas y crisis experimentadas en el camino. 

No son las cosas que perdemos las que nos marcan, sino la forma en la que dejamos ir o no esas pérdidas.

En mayor o menor medida nuestros aprendizajes delante de las pérdidas podrán ocuparse como herramientas delante del caos que los sentimientos de vacío nos ocasionan durante las etapas de duelo.

A veces hace falta despegarnos de nuestras situaciones y observarlas desde el punto de vista de un observador externo, en este caso del lector, para internarse dentro de las experiencias de los personajes que hacen posible a esta nueva obra, y reflexionar en cuanto a los temas más cotidianos de nuestra existencia que nos acosan revoloteando como insectos mientras no somos capaces de mandarlos a ese limbo en donde se refugian las cucharitas de té y otras cosas perdidas. 

Es muy importante para mí hablar de este proyecto, porque la inspiración para el primer cuento escrito de esta serie, del cual la compilación toma el título, se basa en un adiós que no pude entregarle a mi padre antes de partir. Una pérdida muy grande acompañada de un adiós extraviado que han venido haciendo eco en mi propio refugio de pérdidas a lo largo de estos años. 

A través de la escritura, que en muchas ocasiones me ha resultado terapéutica, como lo comentaba en una publicación previa, logré despojarme de esa carga tan pesada que nos acumula el sentimiento de pérdida. 

Las demás historias fueron apareciendo como pequeños hallazgos de otras pérdidas que encontraron al fin un desahogo y propósito al volverse narraciones para ser contadas y leídas por lectores en busca de un remedio para el sentimiento de pérdida.

Te invito a conocer esta obra que ya se encuentra disponible en preventa en Amazon para su próximo lanzamiento el 13 de julio.







Los Déjà vu en la escritura

 

¿Has tenido algún “Déjà vu”?

Esos momentos en los que parece que algo que estamos viviendo, ya lo habíamos vivido, un déjà vu, expresión francesa que literalmente significa “ya visto” y que utilizamos para resumir la sensación que nos asalta instantáneamente con la idea de conocer algo o haber estado en un lugar, de los cuáles no tenemos referencia previa, al menos en esta vida.


A mí en lo particular me han sucedido en la escritura, desde mi primer manuscrito de Café Toscana en el que describí lugares de Italia que no había conocido antes, con ciertos detalles que sólo podían obtenerse después de haber puesto un pie en ellos y que confirmé sorpresivamente al visitarlos después.


Hay un déjà vu entre mi catálogo de curiosidades, el que a continuación les comparto, que hasta el momento me sigue pareciendo uno de los más impresionantes. 


Visitaba Italia por segunda vez y tenía la gran inquietud de conocer la provincia de Trento debido a que atendiendo a una sugerencia de una persona muy apreciada para mí, en mi novela de “Sonidos bajo el agua”, que en ese momento estaba prácticamente terminada, utilicé al Lago di Caldonazzo como marco de fondo para el accidente que ocurre en una manera muy específica en la historia debido a las condiciones que presenta su carretera, aunado a que en esa región existe un alto índice de habitantes que sufren de depresión por las condiciones climáticas de los duros inviernos.  
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o de manos de la autora
envía un mensaje
cafetoscana@hotmail.com


La descripción de los eventos en la novela respondía a las imágenes que recolecté en la red, además también había sido necesario el establecer un hospital psiquiátrico en el que uno de los personajes, Anna la paciente esquizofrénica, aguarda la primera gota de lluvia mirando al horizonte, para convertirse en el detonador e hilo conductor de todos los eventos en la narración.

¿Escrito a partir de un déjà vu?

La escena en mi mente al escribir este pasaje de la historia, provenía solo de mi imaginación:

“Nuevamente la pieza del rompecabezas que esperaba obtener se esfumó. Además me han informado que la enfermera que me contactó y logró intrigarme lo suficiente con todas sus suposiciones para venir aquí, no se encuentra en la institución. El lugar es deprimente, sabía que se trataba de una institución mental pero la realidad supera a la imaginación. De cualquier modo no estoy dispuesta a irme con las manos vacías, aún puedo insistir un poco antes de que lleguen por mí. Acordamos que yo tomaría un taxi hasta aquí y a pesar de su decisión de no acompañarme a la entrevista, él vendría a recogerme a más tardar a las seis. Si no consigo nada al menos me permitiré un profundo respiro ante el espléndido paisaje que se aprecia desde este lugar hacia ese inmenso campo abierto, lleno de sol, con el lago enclavado al horizonte, un lugar con una vista envidiable para cualquier otro a quien por estar en su juicio le sería negado como hábitat permanente.” (Extraído de la página 11 de Sonidos bajo el agua ©).

Lago di Caldonazzo

Guiada de la persona de cuya sugerencia hice uso, después de haber atravesado la carretera que en paralelo al lago de Caldonazzo nos condujo hasta Pergine, tal como lo describía en el manuscrito. 
Más tarde insistí en buscar el Instituto Psiquiátrico, no había una referencia específica fuera de tener la certeza de que existía uno en aquel lugar. 

Vista de la fachada en 2009
Mientras recorríamos a carro la pequeña ciudad, me llamó la atención un edificio que se apreciaba a lo lejos en la cima de un monte, mi compañero ignoraba lo que allí se localizaba, no obstante me complació siguiendo el camino que nos llevó hasta él.

Típicamente en ese tipo de provincias en Italia, es frecuente encontrar castillos o mansiones antiguas que muchas veces se encuentran abiertas como museos para los turistas, pero no era este el caso.


El lugar se mostraba un tanto decadente, aunque lo primero que me dio escalofrío fue el observar que hubiera rejas protectoras en algunas ventanas, no había ninguna persona cerca, parecía estar abandonado aunque se encontraban algunos vehículos estacionados.





Sin tener acceso al lugar, pude tomar fotografías desde afuera. Había un mirador que presentaba una vista que acabó de sorprenderme, el Lago di Caldonazzo “a campo abierto enclavado en el horizonte”. 


Vista del mirador en 2009


Casi no podía creer que existiera un edificio que contara con las características que yo había dotado al Psiquiátrico en donde Anna estaba internada, pero lo que me dejó realmente impactada fue el descubrir más tarde que aquel sitio, en realidad había sido una Institución psiquiátrica.





Un amigo de mi amigo confirmó haber colaborado como voluntario en aquella Institución que ahora se encuentra en un total abandono, antes conocida como Villa Rosa.

Villa Rosa, actualmente abandonada


Nunca pude explicarme cómo es que una imagen tan poco convencional para la descripción de un hospital psiquiátrico más allá de ocurrírseme, siquiera existiera en la realidad.
Cuando escribo, hay escenas que tan solo de recordarlas vienen a mi mente más allá de las letras, se presentan como imágenes. En este momento confronto la imagen del pasaje de la escritura con la que experimenté en la realidad y son tan parecidas, que me hacen creer en esa magia que existe en el Universo del subconsciente.

Recuerdos del futuro, de lo vivido o de otra vida...

Esos “recuerdos” de aquello que no hemos vivido y que aparentemente nuestra mente recuerda han de ser las acotaciones de un destino ineludible, tal vez para una aprendiz de las letras, como yo, resulten la inspiradora puerta a un mundo que se vuelve cómplice al relatarnos secretos que se anticipan a nuestro paso o quién sabe, tal vez en lugar de tratarse de recuerdos del futuro, sean recuerdos de otras vidas, trazas que se conservan en nuestro ADN, pinceladas de polvos de estrella en nuestra alma.

¿Qué dirección tomar? Hacia dentro

En la vida siempre nos encontramos con distintos caminos para elegir, al lado de cada sendero son los estados de ánimo los que nos acompañan para transitar aquellos espacios y tal vez muchas veces impulsados por esas emociones es que nos dejamos conducir hacia esos pasos.

¿Qué dirección tomar?

Durante el confinamiento el camino apuntaba hacia una dirección que pocas veces nos animamos a explorar. Nos habíamos acostumbrado a seguir el camino de las flechas que nos dirigían hacia otros sitios, pero pocas veces nos encaminamos en el sentido inverso que ahora apuntaba hacia nosotros mismos para ir hacia adentro.

El balance final de las vivencias de estos últimos dos años, desde mi particular experiencia fue muy valioso y enriquecedor. Pese a un encierro prácticamente total durante varios meses, los aprendizajes y placeres fueron muchos. El reencuentro con mis hijos ahora adultos dentro de casa, me hizo retroceder en el tiempo, una década atrás más o menos, cuando me vi en la urgente necesidad de salir a trabajar después de padecer un acuerdo de divorcio desfavorecido. Aquellos meses de encierro, me devolvieron en una experiencia riquísima esos momentos que añoraba de la infancia y adolescencia de mis hijos, que no pude vivir más de cerca porque las cuatro paredes de una oficina me mantenían atrapada por aproximadamente 10 horas más los tiempos de desplazamiento en horas pico, que solo los que vivimos en esta inmensa Ciudad de México sabemos lo que implican.

Una decisión "inoportuna"

En marzo de 2020 había tomado la decisión de dejar ese trabajo para retomar los proyectos que alimentan mi alma, con la esperanza de que ahora sí funcionarían como esperaba. Había café, talleres, manuscritos por publicar, presentaciones por realizar y muchas emociones, todos involucrados en esas posibilidades que me acercaban a mis pospuestos sueños. Desafortunadamente, cada una de las distintas posibilidades fueron truncadas de manera casual o “causal” al converger aquella decisión con el preciso momento en que dio comienzo ese extraño fenómeno que hizo que un par años de nuestras vidas se vivieran en una forma tan surreal.

Y mientras el tiempo parecía estar suspendido, dentro de casa preparamos nuevas recetas en la cocina, improvisamos jugando nuevos juegos, compartimos maratones de series y bebimos los cafés y conversaciones que nos hacían falta. La estrecha convivencia nos unió y nos hizo resilientes, mirando y transitando hacia adentro.

Como artesana de las letras muy empeñada en el aprendizaje de la escritura, con el fin de comprender a ese personaje tan complejo que vive dentro de nuestra voz interior, he utilizado una herramienta desarrollada a través del tiempo: la introspección. Y haciendo uso de ella, en medio de mi refugio, rodeada de las personas que más quiero, escribí una serie de cuentos, un reto para la aprendiz de novelista. Relatos basados en la intimidad y profundidad de las emociones que el caminar hacia adentro me produjo.

Son 7 cuentos y un epílogo, narraciones independientes y a la vez entrelazadas con el título: El refugio de las cucharitas de té y otras cosas perdidas.  

Y es que siempre me pregunto a dónde se van las cucharitas de té cuando se pierden, yo las imagino flotando en un limbo que atrapa como imán todas esas cosas que perdemos. Allí deben encontrarse los recuerdos de los cuales nos olvidamos, las emociones que optamos por sepultar para que no duelan más, la melancolía que nos ahoga la garganta, la juventud que el inevitable paso del tiempo nos roba, la misma sensatez que a veces la edad avanzada nos arrebata o hasta esos dos años que el confinamiento nos quedó a deber.

¿Qué hay guardado en el refugio de las cucharitas de té?

Los personajes son tan parecidos a ti y a mí, que muy seguramente sentirás el reflejo de más de uno de ellos apuntando en tu dirección: mascotas perdidas, amores perdidos, juventudes añoradas, momentos valiosos pasados, matrimonios terminados o personas cercanas perdidas.

Creo que el ejercicio más honesto para escribir debe visitar los espacios vulnerables del autor; en “El refugio de las cucharitas de té y otras cosas perdidas” el viaje de esta autora refleja relatos de ficción inspirados en experiencias personales.

Muy pronto les compartiré detalles de su publicación con la invitación a aventurarse en esa dirección que rara vez elegimos transitar, hacia dentro.

¿Cómo comienza a escribirse una historia?

En muchas ocasiones los lectores me ha preguntado: ¿cómo se te ocurren tantas cosas? , ¿de dónde sacas las ideas?, ¿cómo haces para comenzar con una historia?

Como aprendiz de escritora y observadora de la muy interesante película de la vida, recolecto información del entorno a cada instante, aunque el momento de la inspiración creativa me parece que está ligado con otros eventos. Ha de tener que ver con el ánimo con el que el escritor se levanta, si la mañana está lluviosa, tal vez si algún recuerdo melancólico se ha colado en la taza del café  o simplemente es que a la historia le ha pegado la gana de inventarse y plantarse en la mente de la artesana de la escritura, que para confeccionarla y darle espacio a los siguientes eventos, se obsesiona dándole a las teclas para dar forma a un masacote de ideas que irán conformando el principio de una historia que nace a partir de un clic en la cabeza.

Esos clics, me suceden a menudo y los agradezco profundamente, aunque la verdad es que a veces no sé qué hacer con tantos. Será por eso que me veo a menudo con varios manuscritos en curso porque una vez iniciada la historia continúa procreándose en su muy particular limbo, ese que revisito cuando mis quehaceres cotidianos me lo permiten para dar continuidad al transcribir las imágenes que van creándose.

El clic para Café Toscana vino después de un relajante baño de tina, no tenía una taza de café a la mano, por cierto, sino una copa de vino dulce. De aquel momento recuerdo muy bien la sensación de frustración, la imposibilidad de escapar, el peso de la responsabilidad que tenía que ahogarse bajo las burbujas con aroma a vainilla y la luz de una vela que apenas iluminaba el espacio.

¿Cómo surgió la idea de Café Toscana?

Cerré los ojos y por un segundo me transporté a una de mis escenas favoritas, la playa delante del mar a esa hora en que el cielo se embriaga con los colores del sol adormecido. Tonos naranjas, rosados y un poco de lila, la brisa del mar, el perfecto sonido de las olas rendidas de cansancio. En el espacio una mesa chocante pero deliciosamente romántica, con el mantel ondeando a los lados al compás de sutiles ráfagas de viento, demostrando que no se trataba de una imagen inanimada. Copas de vino sudando por el clima cerca de una vela de flama danzante, a lado mío, el amante perfecto (un artista australiano que me quitaba el aliento en aquella época), susurrándome palabras de amor, de deseo, llenando el vacio que sentía. 

Por el espacio de un par de minutos, mi realidad fue otra, yo estaba en ese lugar, sintiéndome amada, sin decepciones, sin el peso de las responsabilidades que me ahogaban.

Un efímero pero muy placentero viaje inspiracional que después de abrir los ojos se volvió desgarrador, porque por esas fracciones de tiempo había logrado evadir la realidad que tanto estaba pesándome entonces.

Incluso evoqué un momento de mis películas favoritas, aquél en el que Richard Collier (Christopher Reeve) busca pruebas para entender si sus esfuerzos por viajar en el tiempo, en "Pide al tiempo que vuelva" (Somewhere in time), han rendido frutos. Cuando desesperado pregunta por los registros de huéspedes de aquella fecha a la que se estaba buscando trasladar.


Sin embargo sé que ese viaje momentáneo a un estado de total plenitud emocional, solo sucedió en mi mente, no viajé en el tiempo como Richard Collier lo hizo, sino que visité un mundo en el que parecía que todo lo soñado era posible.

El clic se basó en esa premisa: "y si todo lo que yo deseara fuera posible en un espacio en el que hasta ese café con el que tanto soñaba abrir existiera..."  Allí comenzó el principio de esa historia.

La frustración que experimentaba en ese momento se mitigó en una muy buena medida, la canjeé por ese proyecto que se convirtió en un punto de quiebre en mi vida. Después de haber escrito mi primera novela me volví consciente de que escribir constituía una gran herramienta para canalizar mis desahogos, no obstante, creo que en el preciso momento en que se disparó el clic y comencé a escribir no estaba consciente de ello. Lo más inesperado fue darme cuenta con el paso del tiempo, de que algunos de los eventos que allí escribí fueron convirtiéndose en realidad, tuve que reconciliarme con el significado de lo escrito y lo que ello representaba para mi propia vida.

El nuevo sentido y propósito que adquirió mi vida, ahora como aprendiz de escritora, me permitió experimentar emociones inesperadas y personas a cuyas vidas tocaron mis letras, una satisfacción maravillosa. 

Escribir historias para transformar emociones 

Escribir historias es un ejercicio muy enriquecedor, es incluso una herramienta terapéutica. Cuando plasmamos los pensamientos en la escritura nos despojamos un poco de la emociones negativas que pueden implicar para nosotros, es como si conversáramos con nuestro otro yo, entendiéndonos mejor a través de la instrospección que sólo logramos al reconocer nuestras emociones y mejor aún al comunicarnos con nosotros mismos. Este ejercicio suele ponernos en una posición vulnerable y para mí, se ha convertido en la mejor manera de hacer que el proceso creativo fluya. No siempre en lo que escribo tengo que hacer uso de experiencias personales, sin embargo de algún modo debo visitar esas emociones sean propias o prestadas para poder crear historias con credibilidad, creo que sólo así se logran transmitir las emociones en las historias.

Esos clics que nos sorprenden, seamos escritores de oficio, por gusto o simples aprendices, son los que nos conducen hacia el comienzo de las historias, clics de ideas simples, de recuerdos persistentes, de noticias contemporaneas o de otros tiempos, clics que cosquillean las mentes cuando les permitimos inquietarnos para hacer de la vida un viaje de emociones.


 

Un salto al vacío existencial

Entre tazas de café y sueños, empecé a construir hace muchos años ya, un Café virtual que se parecía mucho al Café Toscana real que siempre ...