domingo, 11 de abril de 2010

La primera nueva historia de Café Toscana: "El Mediador"


He aquí la primera nueva historia prometida, alimentada por el delicioso café con el que me brindan ustedes lectores, la oportunidad de seguir contando historias.

“El Mediador”

Por las mañanas y tardes, hacia y desde su trabajo, Luis recorría los mismos caminos con diferentes libros bajo el brazo, aprovechaba los tiempos muertos que le consumían los viajes diarios de traslado. Había descubierto de tiempo atrás la magia producida al transitar en espacios con una diversidad fascinante a lo largo de la historia y la ficción, lograba sentir cómo los personajes convivían a su lado en batallas, jornadas increíbles o narraciones que le provocaban derramar algunas lágrimas, la fantasía se posponía hasta el siguiente viaje cuando el transporte llegaba a su destino.

Su dinero no pagaba el boleto del tren suburbano sino la posibilidad de escaparse de la realidad y de manera vívida enriquecer sus sentidos a través de la lectura.

La idea surgió un día, al notar que un pasajero intentaba inmiscuirse en aquella dimensión a la que él conseguía escapar. Así fue como Luis dio su primer paso como mediador, ya que de manera generosa, no sólo permitió semejante osadía sino que incitó al forastero a conquistar una fantasía propia, a partir de entonces decidió embarcarse en aquella jornada con más de un ejemplar para invitar a aquellos que se sintieran atraídos por la tentación de leer…

Aún a pesar de la breve experiencia, Luis se sintió muy satisfecho, decidió entonces perfeccionar el método midiendo los riesgos ante la posibilidad de perder tan preciados ejemplares que formaban ya parte de importantes momentos de su vida, debía establecer un sistema que minimizara tal situación, porque cada uno de aquellos libros eran demasiado valiosos como para perderlos y al mismo tiempo no compartirlos.

Atrapado en sus pensamientos un día rumbo a casa, apareció delante de sus ojos un sitio que jamás había visto antes. El aroma del café le arrebató la mirada atrapando el olfato obligándolo a poner los pies dentro. Al llegar a la barra una amable joven le atendió con una sonrisa haciendo la pregunta de siempre a los clientes recién llegados: -¿frío o caliente? -Perdón –respondió el Mediador, sin saber aún que así sería conocido de ahora en adelante en el misterioso Café, no tenía idea de la rutina que Karen siempre empleaba al detectar un nuevo cliente.
-Permítame ayudarle a tomar una decisión de nuestro menú, dígame qué se le antoja, ¿un café frío o caliente? -Caliente por favor –respondió descubriendo el propósito de la pregunta en turno. La rutina continuó ofreciendo un par de alternativas de manera sucesiva, hasta que la orden se convirtió en un capuchino acompañado de un pay relleno con la confitura especial de la casa.
Para concluir la joven sólo añadió -es más fácil tomar una decisión a la vez, ¿no lo cree?
–Absolutamente -concluyó Luis, quien se apartó con una sonrisa dibujada en el rostro hacia una de las mesas que se ubicaba junto al ventanal del Café Toscana.

El Mediador se sentía muy cómodo en aquel espacio, casi como en casa, la música suave de fondo le permitió asentar las ideas al igual que disfrutar de la deliciosa elección del menú. Tenía un montón de libros en casa, ahora sabía qué hacer con ellos, había encontrado la forma de difundir ese placer maravilloso que consistía en acariciar cada una de sus páginas con el corazón y los sentidos, con el humor y la paciencia, con la recompensa siempre, tras finalizar cada ejemplar, de experimentar un sentimiento de satisfacción además de la oportunidad de acariciar un nuevo aprendizaje o simplemente pura diversión.

Sinergia era la palabra, quería crearla multiplicando tan invitante placer, ya lo había experimentado con el extraño del tren que después se convirtió en un nuevo amigo. Entendió pues, que su nuevo interés sería desempeñar el importante papel de enlazar a los libros con alguien que necesitara de ellos, como lo hace un buen Mediador. Los libros le pedían a gritos ser llevados a las manos de nuevos lectores, celosos y promiscuos buscaban un nuevo romance con incautos desconocidos y así fue descifró la respuesta a su inquietud: iniciar un círculo de lectores.

La primera decisión estaba tomada, las demás serían elegidas a su vez, poco a poco, como el café que se bebía a diario Luis, el Mediador, rodeado de sus libros, acompañado casi siempre de algún nuevo lector, en Café Toscana, el lugar en donde pudo recordar su futuro al perseguir su nuevo sueño.

* Mediador: Nuevo término utilizado para las personas que tienen la responsabilidad de acercar a la gente a los libros, o los libros a la gente, o a la gente con las instituciones que promueven esta actividad (antes llamado coordinador, intermediario cultural, etc.)

10 comentarios:

Doctor Gurma dijo...

Encantador el asunto de las historias a partir del Café Toscana... Un gusto ver que tu tronco comienza a ser generoso en ramas!
Mucho cariño querido libro!

marichuy dijo...

Mi querida Susana

Ahora soy yo quien dice: cuántas similitudes. Ese Mediador podría ser yo apenas unos años atrás, cuando viajaba en Metro desde la estación CU hasta Hidalgo; largos viajes que habrían sido insoportables de no ser por las muchas historias escritas que los acompañaron. Cuántas veces, cuando algún extraño se asoma a la lectura de otro, éste reacciona alejando el ejemplar en un acto un tanto egotista, aunque quizá más llevado por el miedo.

Y luego el café, uff. Otro viaje. Cuando cursaba un Diplomado en La Salle –los sábados-, siempre me regresaba caminando a mi casa (en ese tiempo vivía yo en la Col. Nápoles) , pero invariablemente hacía una parada en "Village Cafe" (en Av. Tamaulipas) donde me tomaba un estupendo café mientras leía algo y a veces compartía una sección del periódico con algún otro cliente, otras el libro que yo traía y otras más, tomaba algún ejemplar de los libros dispuestos en el lugar para los clientes solitarios. Otra forma de sinergia, creo.

Un beso agradecido por esta historia

Café Toscana dijo...

Dr. Gurma:

Este árbol sigue creciendo y espero que no deje de verse frondoso. Aprovecho para comentarle que otra de las historias que se están gestando en el escritorio de mi autora, se llama "El crítico", ¿qué le parece el título, le sugiere algo o alguien?

Como siempre, se agradece su asiduidad a este sitio

Café Toscana dijo...

Marichy:

Que grata sorpresa, pero a la vez no es tan inesperado el imaginar que recorriste los mismos caminos que el Mediador, empiezo a creer que la sinergia ejerce también una fuerza de atracción entre los que persiguen proyectos similares, y el nuestro consiste en darnos a la tarea de soñar mi querida amiga.

Un abrazo

Doctor Gurma dijo...

QUerido libro: "El crítico" me sugiere a muchos, a todos quizá. Pero depende del contexto de la palabra se tornará más hacia unos cuantos u otros tantos, diferentes en actitud crítica. A quien desacredita el trabajo y el esfuerzod e otro, le llaman crítico, a quien elogia a cambio d eun pago, también. Crítico es uno al llegar (valga la redundancia) al punto crítico de confrontar percepciones y generar consensos. Me encanta la expectativa que se me generó. Ya espero con gran ánimo "El crítico"

Mafalda dijo...

...


Las salas de lectura son un medio interesante de sentir las letras e impulsar la lectura. Aunque yo disfruto más la lectura a solas, me facilita -así como a tu mediador- el traslado y el vuelo fantasioso.

¡Bien por tu autora!

"El crítico", dice tu escritora que se llamará su siguiente creación.
¡Vaya a saber! el perfil del mismo.
Lo único que yo le diría es que existe una simbiosis necesaria entre: escritor, editor, corrector de estilo y crítico.

Todos ellos se alimentan entre sí, y no se lograría mucho si falta alguno de ellos. Cada uno tiene su propia definición de sí mismo, y existen algunos que no cuentan con algo fundamental: la AUTOCRÍTICA.

Saludetes querido libro.

Mafalda

Café Toscana dijo...

Dr. Gurma:
Lo único que puedo anticipar es que la historia del crítico refiere a la forma en la que conocí por primera vez a este personaje, muy al comienzo de mi vida.

Saludos

Café Toscana dijo...

Estimada Mafalda:

Tu definición es correcta, aquellos que se dedican o gustan de escribir tienen que ser un poco de todo a la vez, sin la capacidad autocrítica en efecto, es poco probable que un autor logre crecer de manera sostenida y sustancial, sin embargo esa crítica que proviene de las miradas de afuera muchas veces ayuda a definir premisas y tomar decisiones.

un placer haber recibido tu visita

Fernando dijo...

Qué hermoso.
Es lo que le falta a un café acogedor para ser perfecto: la lectura, la disposición de páginas de sueños con que acompañar el aroma y la dulzura.
Muy, muy hermoso.

Café Toscana dijo...

Gracias escritor de otros mares, sus felicitaciones son siempre un aliciente muy especial para mí.

Esta figura del mediador me ha permitido acercarme a nuevos lectores, lo cual no puedo más que agradecer con gran sinceridad.