Prende una vela

La luna mengua para anunciar el final de un ciclo que por añadidura precede a un nuevo comienzo. Y después de admirar tantas lunas majestuosas que octubre siempre nos regala, ahora nos toca observar con detenimiento cómo esa luz disminuída puede transformarse en un momento de reflexión al meditar ante los tiempos de cambio, atendiendo a la necesidad de avivar nuestra luz interior.

La luz, eterno contraste de la oscuridad, batalla campal contra el negro de los claroscuros siempre vencedora aún con la aparente ausencia de cualquier color.

«Prende una vela», me dice siempre mi hermana cuando le hablo de mis inquietudes, de mis frustraciones o de mis ansiedades. Cuando me lo dice, lo hace con palabras colmadas de fe, confiando en la riqueza de un ritual que podría parecer insignificante, no obstante profundamente sanador.

El acto de encender una vela, está lleno de simbolismo y dotado de una intención, porque el encender una vela deriva de la voz interna que busca respuestas; sean a la incertidumbre, a los deseos, a la inquietud o a la ansiedad, tal vez una respuesta a una pregunta que no hemos podido formular.

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¿Qué simbolismo tienen las velas?

Para distintas religiones el acto de encender una vela es un símbolo de la fe, una extensión de las oraciones, la representación viva de una petición o hasta una promesa cuando lo hacemos al visitar templos en recuerdo de otros. El concepto de la espiritualidad trasciende a través del encendido de velas como una señal de abundancia en una práctica que de forma literal nos ilumina, representa nuestra alma.

En la religión cristiana, se encienden velas en los sacramentos de iniciación como el Bautismo y la Eucaristía. Para el Bautismo esa luz representa la resurrección de Cristo, y la tarea de mantener esa llama encendida como el amor en torno a Él, será responsabilidad de los padrinos del recién bautizado. En la Eucaristía el creyente la porta como un símbolo de la luz divina que se ha vuelto una guía en su camino. También en las ceremonias de matrimonio se acostumbra encender una vela como manifestación de fe y amor, mientras que en las ceremonias de defunción se encienden para iluminar el camino de las almas hasta su destino.

En la tradición judía, se enciende una vela cada viernes por la tarde para iniciar el Shabat, lo hace la mujer de la casa simbolizando la luz que debe iluminar el hogar. También para celebrar el Hanukkah, se utilizan 9 velas siguiendo un procedimiento muy específico que refiere a una especie de milagro, lo cual conecta nuevamente con la fe.

En los altares budistas, uno de los 7 ofrecimientos que debe presentarse cada día, además del incienso y las flores, consiste en una vela encendida que simboliza la iluminación que recibe la humanidad a través de la sabiduría de Buda.

Es evidente que cada ritual o ceremonia encuentra una riqueza fundamental en la llama de una vela, sin importar la religión que practiques o hasta si no practicas ninguna. Las velas blancas representan universalmente la luz y la pureza. Sin importar los otros símbolos que acompañen a las velas en los rituales, hay que reconocer que el objeto en sí es capaz de transmitir una visión energética y una conexión mística, muy particularmente cuando la llama parece cobrar vida propia.

La llama de una vela produce millones de fracciones diminutas de diamantes

Un estudio del investigador  Wuzong Zhou publicado hace varios años, reveló que la flama de una vela contiene millones de diminutas partículas, específicamente 1.5 millones de nanopartículas de diamantes que se crean a cada segundo, mientras la llama arde. Desafortunadamente, tales partículas de cristales tan codiciados se consumen en el mismo efímero proceso. Como tal, este descubrimiento podría plantear una nueva forma de producir diamantes, lo cual muy probablemente demeritaría el valor que se les ha otorgado a tales cristales por lo «escasos» que son. Aunque bajo esta nueva apreciación, podríamos empezar a mirar cada flama por diminuta que sea, con una óptica totalmente distinta.

Acaso el espectro de esa luz cálida será capaz de edificarnos un refugio temporal, dotado por una magia indescriptible que nos envuelve en un ambiente tan valioso que incluso es capaz de producir ínfimas partes de diamantes que apenas se crean para luego consumirse de modo instantáneo, no sin dejar en el espacio que lo rodea el vestigio de un aire místico que se deposita en nuestro interior.

Un dato curioso y hasta un tanto inimaginable lejos de una sala de estudio de investigación, que no obstante desde hoy, estoy segura que te dará una percepción mucho más rica de la que tenías antes de una vela encendida.

El sencillo acto de encender el pabilo a voluntad nos permite contemplar la fantasía de una danza que somete su fragilidad a los caprichos de las corrientes que la rodean, un espectáculo que puede incluso volverse hipnótico, al fin y al cabo meditativo. Cuando enciendo esa vela para calmar a mis demonios, me encuentro con una bailarina que se mueve con gracia, haciendo pausas para cambiar de ritmo. Casi logro observar una silueta en su llama, cuya voz me susurra al oído dulcemente inundando con paz mi interior.

Imagino que nuestra alma es como una vela que se enciende con una luz fulgurante al nacer, y que con el paso del tiempo se debilita al enfrentarse con corrientes que intentan aplacarla y a veces logran apagarla.

Es verdad que nuestro entorno a veces no nos deja alimentar la flama, lo oscuro parece absorber todo lo luminoso. Nos inundamos con noticias oscuras, las replicamos, nos desnutrimos con ellas y al final, iluminar el escenario parece una tarea muy compleja.

Cuando los sueños se sienten perdidos, la llama débil sufre a punto de desvanecerse. Cuando el sosiego asalta nuestra paz llenándonos de dudas y porqués sin sentido, la llama entra en riesgo de extinguirse.

Encender una vela físicamente, puede representar el deseo profundo de avivar nuestra luz interior. Creamos energía con nuestros pensamientos en torno a una vela, que sea blanca sin ornamentos, que tenga un pabilo firme y se encienda para acompañarnos, que se vuelva un ritual y replique la abundancia de su riqueza tras fomentar la repetición de la experiencia.

Prendamos una vela para orar, para meditar, para recordar, para cumplir nuestros deseos. Esas poderosas velas de cumpleaños que le dan al pastel conmemorativo, otro nivel. Sabores entremezclados con ilusiones que nutren el alma al comenzar ese ciclo personal que se renueva cada año, nuestro auténtico «Año nuevo», tan personal, tan íntimo, porque nos permite depositar en cada luz el ingenuo y muy profundo deseo de volver realidad alguno de nuestros sueños.

Enciendo una vela, como me ha insistido hacer mi hermana, lo hago con intención, con un propósito, con preguntas que voy descubriendo y necesitan respuestas, a veces con los ojos cerrados, otras fijando la vista en la llama, con una cerilla de madera que sostengo entre mis pensamientos y transfiero al evocar el fuego en esta pequeña pero poderosa expresión. Acaricio su resplandor, inspiro profundamente cuidando que la exhalación no perturbe su silueta, su aliento se vuelve el mío y en mi alma la luz recupera su intensidad.

La independencia emocional

En la interminable lista de los argumentos que pueden sabotear una relación, hay un concepto que bien podría englobar a muchos de ellos: la falta de independencia emocional.

Esa carencia que nos marca y obliga a arrastrar los sinsabores de otras relaciones a lo largo de nuestra vida, nos fuerza a replicar los mismos errores llevándonos a preguntar ¿Por qué siempre me pasa lo mismo?

Cabe mencionar que en este blog, los libros de la autora pueden darse cita para hablar, y hoy me presento para hacerlo como el narrador omnisciente de Mi amada P_ _ _  , porque la problemática que se da entre Darío y Puri es un claro ejemplo de falta de independencia emocional.

Un clavo saca a otro clavo

Llegar a una relación sin haber superado otra es un grave error, hay vacíos que no se llenan con otros clavos, que en lugar de llenar el hueco lo van haciendo más grande. 

El caso en la relación de Darío y Puri de Mi amada P_ _ _ es ése, una historia de amor en la que la falta de independencia emocional, vuelca a los personajes en un romance que sólo puede estar destinado al fracaso, porque las huellas sin sanar de sus anteriores relaciones les han dejado marcas tan profundas que los vuelven incapaces de construir una nueva relación con bases sólidas, o para ser más precisos aludiendo al tema que nos ocupa, con independencia emocional.

El deseo genuino de ambos de encontrar el amor se imposibilita por los temores que los dos a su vez han sido incapaces de vencer. A Darío lo abandonaron en el altar —sí, puro drama, que por muy alejado que pudiera parecer de la realidad, no representa más que la sensación de rechazo absoluto, que se refleja en esa inseguridad y el temor de volver a sentirse abandonado en una relación. 


A Puri, el descubrimiento de una gran mentira —cuando su novio maduro se reserva la información de su estado civil, ni más ni menos—, le abre los ojos en una forma muy dolorosa, volviéndola calculadora al tiempo que se escuda dentro de un caparazón por el miedo constante a un nuevo engaño.



¿Te identificaste con alguna de esas sensaciones?

A todos nos aterra el rechazo, el abandono y el engaño; tal vez ya lo hemos experimentado en alguna relación previa, pero ¿por qué seguimos creyendo que nos va a suceder otra vez? 
Alimentamos la inseguridad que esas emociones negativas nos crean, y con ello en lugar de volvernos independientes en el sentido emocional, como pareciera que nos volvemos cuando nos mantenemos al margen de volver a involucrarnos sentimentalmente, lo que estamos haciendo es generar una depencia hacia esas emociones que más allá de llenar el vacío, nos lo ahondan.


Tanto así cuando nos aislamos, igual que cuando nos abocamos con desesperación en pos de una relación, debido a una ruptura previa sin sanar, lo que hacemos es consolidar nuestros temores y situaciones no resueltas en una dependencia económica que de pasar desapercibida a nuestra mirada, puede volverse un mal crónico.


Ni siquiera es necesario haber perdido una relación previa, es muy frecuente alimentar la dependencia emocional en nuestras parejas de vida, como una vulnerabilidad creciente al no ejercitarnos dentro de las posibilidades que un individuo debería tener como tal.


La parejas que crecen en paralelo y mantienen una excelente relación, suelen realizar una buena cantidad de actividades que no necesariamente comparten con sus parejas. Allí es donde la diversidad se valora y con una visión clara e independiente, emocionalmente hablando, es que las diferencias de opinión, de gustos y hasta de temperamento, pueden llegar a equilibrar a una pareja colocándolos en un punto intermedio.


Desafortunadamente en otras, esas diferencias en lugar de valorarse, pueden llegar a volverse irreconciliables, conduciendo hacia un distanciamiento permanente o una ruptura definitiva. Muy probablemente en esos casos el desarrollo de la dependencia emocional, pudo haber influido como un factor en contra.

¿Qué hacer para dejar atrás la dependencia emocional?

No, no soy yo quien puede responder esta pregunta, pero sé muy bien que tú sí que puedes. Te lo repito, yo soy simplemente un narrador que sabe todo dentro del mundo de una novela romántica, cómica y con tintes eróticos, pero para responder este tipo de cuestiones, sólo un personaje que habla en primera voz podrá hacerlo —así es, ese personaje eres tú.

En el caso de Puri y Darío —por cierto, ¿ya te va interesando leer Mi amada P_ _ _? —, el tiempo es una maravillosa herramienta para encaminarse hacia una salud emocional. Aunque hablando con sinceridad, no siempre es el tiempo el que ayuda, sino un tratamiento adecuado de reconstrucción de la autoestima, que sólo puedes llevar a cabo tú mismo. 

Lo primero ante todo, es saberte carente de este tipo de independencia, porque si continúas mintiéndote, diciendo que después de una pérdida emocional estás como si nada, supongo que no vas a moverte a ninguna otra condición, porque para ti, no hay nada que te haga falta: vivir el duelo, enfrentar el dolor, asumir la pérdida, entender la situación y aprender lo más posible de todo ello.

Cuando reconoces tu falta de independencia emocional, ya estás reconociendo los factores que te han limitado en ese sentido. Sólo tu personaje puede reconocer lo que influye en ti, cuáles son tus debilidades o puntos vulnerables, de dónde vienen tus inseguridades o todas esas carencias que has decidido depositar en el valor de una relación que no puede suplirlas, porque es a ti a quien le corresponde hacerlo.

Déjale a cada personaje que interactúe en tu historia, resolver esos mismos temas, tampoco eres tú quien va a "arreglarle la vida" o ir a "completarlo", cuando lo que debería existir en una relación es un concepto de sinergia, una viviencia compartida, una suma de energías y no una absorsión de éstas.

No voy a hacerte más spoilers de la novela, pero sí voy a decirte que me gustan los finales felices, y creo que para crearnos una vida feliz sería una muy buena idea cuestionarnos ¿Qué tan sanos estamos emocionalmente? Porque igual que toda enfermedad, es conveniente detectarla a tiempo, para tratarla a fondo y conseguir esa salud que todos buscamos tener en nuestra vida.


          



En preventa Mi amada P_ _ _

 Este mundo pandémico se ha encargado de hacernos aprender una lección muy importante, no se puede más que vivir un día a la vez.

En junio del año pasado, publicamos en formato digital la más reciente novela de mi autora: Mi amada P_ _ _, un trabajo que le da un giro al género romántico que ya es costumbre en casa, para invadirlo con esa emoción tan inherente a la pasión y a la intimidad que la literatura erótica transmite.

Para ser francos, el erotismo que acompaña la narrativa es un poco "light", pero vale la pena la advertencia porque el lenguaje y las descripciones son mucho más fuertes y no queremos que alguno de nuestros clientes de Café Toscana se vayan a sentir ofendidos.

Los caminos de las letras de los escritores toman distintos giros y en esta ocasión a nuestra autora le dio por revisitar esa emoción tan deliciosa y profunda que produce el enamoramiento.

La historia se desarrolla en Barcelona, entre "P", escritora mexicana incipiente en busca del sueño de escribir un best-seller y un guapo chef español quien ofrece hacerse cargo de su manutención temporal a cambio de un "intercambio en especie", que por decirlo así, ha resultado muy gratificante para ambos.

El trato se convierte un juego de roles, en el que por resistirse al amor terminan condenados por el implacable destino que no suele ser muy permisivo con los que lo desafían.


Como ya mi autora ha hecho en el pasado y porque se trata de la publicación de una obra indpendiente, estamos invitando a los lectores que puedan interesarse en apoyar su proyecto, a comprar un ejemplar físico en preventa con lo cual además de hacerla sustentable podrán beneficiarse con alguna de las recompensas.
El proyecto en esta ocasión está dirigido no sólo al territorio mexicano sino también al de Estados Unidos, España, UK y Canadá (también en Italia, en fin, a los mercados en los que Amazon distribuye su obra a nivel internacional).

Para mayor información pueden agregarse al grupo Publicación independiente Mi amada P en FB o enviar un email a cafetoscana@hotmail.com en donde con mucho gusto les proporcionaremos más información.
Recuerden que el tiempo de preventa es limitado y a todos los mecenas que nos han leído desde el principio les agradecemos por el apoyo, la recomendación pero hoy a partir de este proyecto les ofrecemos estar incluidos en las páginas de agradecimiento, así que los esperamos para que esta obra continúe viva.


¿Qué nos hacía falta para hacernos mejores?

 

A lo largo de la historia de cada uno de nosotros, hemos tenido que enfrentar lecciones y decepciones sólo para comprender que para alcanzar la meta hay que invertir más esfuerzo del que hubiéramos imaginado, y a través de las repeticiones de alguna tarea, en el ámbito que sea, acabamos por perfeccionar la técnica y con suerte llegar al objetivo.

Crecer es una de las fases obligatorias del desarrollo humano, aunque a veces le tememos a lo inevitable porque el paso de los años nos lleva a soltar al niño que llevamos dentro, con su ingenuidad y gran capacidad de sorprenderse o alegrarse por las cosas más sencillas de la vida, para dejar que lo sustituya un adulto “maduro”, sensato y poco a poco más viejo. Un adulto que debería saber siempre qué hacer, pero se equivoca todo el tiempo y peor aún, no sabe perdonarse por ello.   

Muchas veces escuché decir que para conocer la verdadera felicidad había que sentir la tristeza; tuve que experimentarlo muchas veces para creerlo. Hoy elijo sentirme feliz a cada momento y también me permito sentirme triste cuando lo necesito, pero al estar consciente de lo que cada sentimiento significa, decido que la felicidad ocupe la mayor parte de mis días.

También cuando alguien me dijo una vez que es mejor dar que recibir me fue casi imposible aceptarlo, hasta que hoy que la edad me ha permitido saborear esa perla de sabiduría. Sí, el dar se disfruta más que el recibir; sin embargo, no me olvido de lo importante que es también el recibir para permitir que ese maravilloso ciclo virtuoso del agradecimiento se complete.

Por lo visto también hacía falta que aprendiéramos que la salud, que acostumbramos dar por otorgada, vale tanto que no puede comprarse, el hecho es que la tenemos y la descuidamos, no sólo por no utilizar un cubrebocas y seguir un protocolo sanitario adecuado, sino por alimentarnos mal, por no llevar una rutina sana para nuestro cuerpo y alma, por dejar que nuestros cuerpos se vuelvan frágiles y vulnerables.

Tal vez nos hacía falta quedarnos guardados para volver a apreciar el encanto de la vista detrás de la ventana, porque las ocupaciones y el tiempo nos mantenían lo suficientemente distraídos de esos pequeños y tan grandes placeres. Necesitábamos volver a casa para mirar al exterior, necesitábamos encontrarnos fuera de la zona de confort para recuperar nuestra creatividad, necesitábamos un 2020 para hacernos mejores.

Porque a veces se necesita más que una vida para entender los misterios que ella encierra, pero apenas un instante para mirar al cielo y entender que tanto la luz del sol como la de la luna nos iluminan sin importar qué tan difíciles parezcan las decisiones que haya por tomar.

Necesitábamos un 2020 para hacernos resilientes, más humanos, más tolerantes, más comprensivos, más felices y más tristes, más generosos, más y menos egoístas, más amorosos aún cuando no pudiéramos abrazarnos, pero más conscientes de lo que en realidad significa amar, más cercanos a pesar de la distancia, más pacientes aún delante de la incertidumbre, más compasivos, más despiertos, mucho más ricos en las lecciones del ser humano y por encima de todo mejores de lo que éramos antes.

Gracias, gracias y mil veces gracias al Universo por todas las lecciones que debimos aprender en 2020 con alegrías y tristezas, despidiendo a seres que iluminaron nuestro mundo al igual que reconociendo a los que siguen iluminándolo a cada día.

Que este nuevo 2021 esté lleno de SALUD, BENDICIONES Y FELICIDADES para todos.



Hay que vivir con mucho "Soul"

 Decir que vivimos en el presente parece una obviedad tan grande que no merece la pena ninguna aclaración, sin embargo, es esa lección que no acabamos de aprender la que viene corriendo detrás de nosotros en la vida; a veces porque vamos caminando tan rápido que no logra alcanzarnos y en otras, aunque vayamos lento, porque nos encontramos absurdamente distraídos.

Desde la infancia aprendimos de las historias de príncipes y reyes que el objetivo primordial era conseguir la corona, de allí que empezamos a sentirnos perdedores, porque el premio principal o la fortuna eran escasos, y sólo “los elegidos” eran capaces de saborear esa victoria. A los que no nos tocaba ser de aquéllos, más nos valía seguir intentando encontrar algún tesoro escondido al otro lado del arcoíris para sentirnos al menos, moderadamente “especiales”.

Ayer disfruté con gran emoción de la nueva animación de Disney “Soul”, que transmite un mensaje profundamente valioso e importante. Me da gusto encontrar material infantil que al fin se centra en las cosas más fundamentales y trascendentes de la vida. Tal vez la historia de todos habría sido un poco distinta si no estuviéramos buscando esos roles de unicidad y en cambio nos diéramos cuenta de lo originalmente irrepetibles que somos y de que saborear el camino que nos conduce hasta nuestros sueños es precisamente el secreto de vivir y disfrutar del Presente.


No estoy aquí para derribar la magnitud de las metas que cada individuo se proponga en la vida, sino para hacernos recordar que los momentos más triviales que componen nuestra rutina son precisamente los tesoros más especiales que van conformando nuestras memorias. Esa convivencia que parece tan ordinaria y repetitiva puede ser la piedra angular en la vida de muchos cuando se va poblando de conversaciones importantes, de sabores atractivos, de semillas de emociones que rendirán fruto en un alma bien nutrida.

Sería más fácil vivir la vida sin abrumarnos por conseguir desesperadamente un algo que de alcanzarse tendría que cambiar de nombre para continuar lejos de nuestras manos, por ello disfrutar de todo lo que parece tan irrelevante pero siempre Presente en la medida que lo reconocemos se vuelve abundancia pura, ojalá que sea de buenas relaciones, emociones positivas, gusto por lo que hacemos o agradecimiento por hacerlo, admiración por nuestro entorno, por las personas y cosas que nos rodean y muy particularmente por las espectaculares visiones que el simple hecho de mirar al horizonte o al cielo representan.

Sólo nosotros decidimos si desde ya somos los príncipes y princesas en nuestra historia, y utilizamos la magia para convertir nuestra comida en festín, nuestros logros diarios en piedras angulares que sostienen ideales y convicciones, los aprendizajes en sabiduría, los talentos en instrumentos útiles no sólo para nosotros sino para mejorar la vida de otros y nuestro camino hacia el sueño en la experiencia más emocionante de vivir en el Presente. 




Un salto al vacío existencial

Entre tazas de café y sueños, empecé a construir hace muchos años ya, un Café virtual que se parecía mucho al Café Toscana real que siempre ...